Sunday Morning Birds
19 ene 2011
XXVIII.
31 dic 2010
XXVII.
Ellos - ¿Para qué arreglarte? No merece la pena, es una Nochevieja más...
Yo - Nada de eso, este año ha sido precioso: sigo teniendo a toda mi familia , a mis mejores amigos, Alberto es la prueba de que Dios existe, no he parado quieto...
Ellos - ¡DÉJATE DE TONTERÍAS! Piensa en la exposición del día 11, en el examen del mes que viene, en el frío que hace...¡¿no tienes ganas de llorar?!
Yo - No, la vida se construye a base de desafíos, es maravilloso. Si me sigo permitiendo perder el tiempo dándole mil vueltas a tonterías así, pierdo un tiempo que no volverá.
Ellos -¡Grandes obstáculos, sí!
Yo - Son desafíos, no obstáculos.
Ellos - Qué frío hace... es horrible. La gente sale de fiesta y tú no, se reúnen todas las familias y la tuya no, (repetir la fórmula 'ellos sí, tú no' hasta el infinito)
Yo, que poquito a poco he aprendido a controlarlos y a vivir fuera de mi mente, no les doy más protagonismo que esas cuatro frases y, de un soplido, los expulso de mi cabeza. ¡Adiós, pensamientos negativos! Suena Santa Claus is back in town de Elvis por toda la casa y al otro lado de mi ventana un grupo de niños excesivamente abrigados juegan al escondite inglés.
15 dic 2010
XXVI.
Hay ocasiones en las que me cruzo con diminutas joyas, como esta escena de 'New York, I love you', que me empujan a romper la norma que me impuse de total ausencia de multimedia en este blog, y me permito introducir un vídeo que conforme el contenido auténtico de la entrada. Admito que soy incapaz de mantenerme sereno ante planos desnudos, gestos, silencios y reflexiones como las que se condensan en estos 5 minutos perfectos. Este tipo de cine pausado es el que últimamente me araña y me eriza la piel. Ya no quiero lo de siempre, cada vez soy más selecto con el arte del que me alimento. Me arriesgo. Y dios, qué bien sienta cuando acierto.
Sunday Morning Birds
28 nov 2010
XXV.
¿Por qué no ser tan valiente como el águila?
12 nov 2010
XXIV.
Ethan se desliza por el centro de Londres, como un funambulista que sigue una línea recta que no debe perder de vista si no quiere eliminar la perfección que dibuja a su paso. Cuando los ojos de Derek interfieren en su camino, ambos perciben cómo -poco a poco- las luces que contextualizan la escena se tornan veloces mientras sus cuerpos parecen drogados y ese cruce de miradas parece eterno. Le suelta la mano de golpe a todo lo que planificaba ser y ve, como un simple espectador de la película, cómo se parte su corazón en mil pedazos cuando se gira y él no lo hace.
El Duque pasea a caballo por Lerma cuando el noble le guiña un ojo, tras lo que el primero pierde la noción de la realidad y cae al suelo. El noble se acerca y le cura le herida con un beso en los labios que aviva la histeria de la reina, que esa noche sorbe sus lágrimas y hace jirones su ropa. Infelices para siempre.
Sunday Morning Birds