4 mar 2011

XXX.




Otro de los cortometrajes de mi querida Paris, Je t'aime
Genial.

Sunday morning birds.

2 mar 2011

Próxima parada

Viernes 25 de febrero de 2011, 14.35 h. 
¿Próxima parada? Villaverde Bajo.

Llevo días repartiendo mi tiempo entre las cuatro paredes asfixiantes de mi habitación y vagones de tren como en el que ahora me encuentro. Pero viajo solo, esta vez es diferente. Busco constante refugio en voces que me conocen y que quiero. Vuelvo de escuchar una de ellas y me sobra el abrigo. Apoyo mi cabeza en la ventana y cuando cierro los ojos noto que alguien se sienta frente a mí. Estamos en uno de esos asientos de cuatro, lo más privado que puede ofrecerte un tren de Cercanías. El calor de los rayos de sol me permite desconectar durante unos segundos y me templa la cara. 

Al fin abro los ojos y le veo. Me sonríe. Nunca me habían mirado de esa forma. Se centra en mis ojos y olvida su vida e intenta que yo haga lo mismo. Viste el más elegante traje oscuro con el que te hayas cruzado y sus dientes son poderosamente blancos. No tiene más de treinta años y me saca varias cabezas. Me mira con toda la compresión que le permiten sus ojos azules e intenta acelerar las pulsaciones de mi corazón cuando apoya su brazo en el borde de la ventana y lo extiende hacia mí. 

Noto que controla la respiración y que consigue que desaparezca todo lo que hay a nuestro alrededor. Al fin y al cabo es su objetivo. Lleva el pelo engominado y el perfume que usa no pertenece a este mundo. Camisa blanca, intenciones oscuras.  Vuelvo a girarme hacia la ventana y él hace lo mismo. Eres tú, murmura. Eres tú, repite. Se saca una tarjeta del bolsillo interior de su traje y vuelve a extenderla hacia mí. Sólo llego a leer la palabra 'director' por la vibración del tren. 

¿Próxima parada? Villaverde Alto. 

Mantiene la tarjeta a unos centímetros de mí y empiezo a irritarme. Jamás había visto a un hombre como aquel. Demasiado poder en un tren. Pero se está equivocando de persona. Sé admirar su belleza pero se equivoca. La siguiente mirada que emito es de frialdad y poco a poco encoge su brazo. Aún duda. Se equivoca. No se da cuenta de que la vida le está utilizando en ese mismo instante para recordarme quién soy y qué quiero. Y no es a él. Decidí hace mucho tiempo quién sería la persona que ocuparía el lugar que él intenta rozar y siento vergüenza de que se haya atrevido a desearme un  solo instante pensando que obtendría algún tipo de respuesta por mi parte.

Me pongo de pie, agarro su tarjeta con rabia y la parto en dos mientras todos esos desconocidos me observan. Le regalo una última mirada con la que después se excitará.

¿Próxima parada? Los labios que me besan hace más de un año. Ese es mi hogar. Aquí me bajo.

David Molina Vázquez.

2 feb 2011

XXIX.

 120 minutos

Llevaba meses sin pisar un hospital. Podría haberlo hecho la primera semana de enero, pero 'el corazón tiene razones que la razón no entiende' y no acudí. Y a buen entendedor, pocas palabras bastan. Fue el pasado viernes cuando me vi en aquella sala de espera con el corazón en un puño. El familiar con el que esperé cinco minutos a que fuera atendido sigue ingresado pero, gracias a su forma física, no parece grave la cosa. La cuestión es que durante un par de horas permanecí en aquella sala de espera analizando a todo el que esperaba su turno. 

Desvié la mirada varias veces cuando me topaba con un anciano sin más compañía que su dolencia. Costaba observarle. Unos asientos a su derecha estaba aquel señor - unos 40 años, moreno, alto y con barriga cervecera -, que no dejó de quejarse durante dos horas de lo injusto que era que a él no le atendieran para ocuparse de los que llegaban mucho después que él. Lo curioso es que se refería a las personas que traían en ambulancia y que, debido a la velocidad con la que los médicos actuaban, podía saberse con facilidad que requerían especial atención. Nuestro pobre enfermo se quejaba de lo que le dolía el brazo izquierdo tras golpearse con lo que fuera que se cruzase en su camino. Comprensible, por otra parte, si siempre gastaba el mismo humor. A su lado, la que parecía su mujer, se iba contagiando de los lamentos del caballero y se encargaba de que todos los allí presentes nos enterásemos del tiempo que llevaban esperando, de lo ocupadas que eran sus vidas como para perder el tiempo de aquella manera y de la poca vergüenza que tenían los médicos al poner por delante a los que llegaban con un infarto que a él. ¡Habráse visto!

Me mantuve inmóvil un buen rato, esperando a que apareciera el doctor House y le rompiera el bastón en la cabeza, pero no fue así. Al final me levanté de mi asiento, me dispuse a dejar la sala de espera y, sin querer, se me cayó una lata de refresco en la camisa del quejica. Ay, ¡vaya infortunio!

No sé cuánto tiempo siguió esperando aquel anciano de mirada triste su turno, pero durante esos 120 minutos ni se quejó de su soledad, ni de las personas que habían sido atendidas hasta entonces, ni de lo malo que era aquel frío para sus huesos.


Sunday Morning Birds

19 ene 2011

XXVIII.

Siempre escribía frente a la ventana, sobre todo los días de sol. Parecía que la luz le atravesaba la piel y se instalaba en sus huesos volviéndola invencible. Era una estrella en alza, un diamante en bruto de la palabra. Se pasaba horas en el escritorio junto a su pluma Montblanc y la voz de Piaf de fondo. Los días de lluvia, sin embargo, eran diferentes, se retraía de tal forma que era difícil distinguirla de un objeto más de la habitación. Le gustaba dibujar mapas en los que imaginar los nacimientos, los encuentros y la muerte de los personajes que creaba; era como si no supiese navegar sin guías. Un día simplemente dejó de estar. Se fue un día de otoño y sólo me dejó un mapa con los continentes hundidos. Ya no fumaba.

Sunday Morning Birds

31 dic 2010

XXVII.

Yo - ¿Ya están preparando la cena? ¡A la ducha!
Ellos - ¿Para qué arreglarte? No merece la pena, es una Nochevieja más...
Yo - Nada de eso, este año ha sido precioso: sigo teniendo a toda mi familia , a mis mejores amigos, Alberto es la prueba de que Dios existe, no he parado quieto...
Ellos - ¡DÉJATE DE TONTERÍAS! Piensa en la exposición del día 11, en el examen del mes que viene, en el frío que hace...¡¿no tienes ganas de llorar?!
Yo - No, la vida se construye a base de desafíos, es maravilloso. Si me sigo permitiendo perder el tiempo dándole mil vueltas a tonterías así, pierdo un tiempo que no volverá.
Ellos -¡Grandes obstáculos, sí!
Yo - Son desafíos, no obstáculos.
Ellos - Qué frío hace... es horrible. La gente sale de fiesta y tú no, se reúnen todas las familias y la tuya no, (repetir la fórmula 'ellos sí, tú no' hasta el infinito)

Yo, que poquito a poco he aprendido a controlarlos y a vivir fuera de mi mente, no les doy más protagonismo que esas cuatro frases y, de un soplido, los expulso de mi cabeza. ¡Adiós, pensamientos negativos! Suena Santa Claus is back in town de Elvis por toda la casa y al otro lado de mi ventana un grupo de niños excesivamente abrigados juegan al escondite inglés.

FELIZ AÑO NUEVO.
 
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