24 feb. 2010

IV.

‘Me han dicho que es cáncer, no puedo decirle que sí quiero’. Así me rompió el corazón en un par de segundos una chica que no había visto en mi vida. Me cortó la respiración, me frenó en seco y nubló mi mirada. Yo caminaba rápido por un centro comercial y se cruzó en mi camino. Hablaba por teléfono con alguien y le temblaba la voz. No sé a quién se refería pero instantáneamente asumí que hablaba de amor, de un sí quiero que no estaba dispuesta a dar para consentir que él sufriera a su lado. A veces la vida te pone obstáculos que te desequilibran por completo.

En estos días de hospitales, fortaleza y señales que sólo el que las vive entiende, me he prometido no quejarme por tonterías. A veces es mejor disfrutar de la contraportada del libro que saber cómo termina la historia. Seguiré lleno de optimismo, repleto de furia por alcanzar cada uno de mis objetivos y continuaré arañando a todo el que toque a cualquiera de las personas que amo.

Carpe diem.

Sunday Morning Birds

17 feb. 2010

III.

No es lo mismo ser un profesor que un dinosaurio, no lo es. Cuando uno llega a la universidad termina cruzándose con ambos. Dicen que los dinosaurios se extinguieron repentinamente al final del Cretáceo: que no te engañen. Aparecen cuando menos te lo esperas, quizá en el momento en el que menos te lo mereces y no ponen reparo en marcar su territorio recordándote, con una prepotencia que sólo es signo de su frustración e incapacidad, que están allí para que seas o un súbdito o una basura: tú decides. Puedes rendirte a sus pies – yo lo hice un par de días con alguno – si te ves capaz de dedicarle un tiempo exagerado a su asignatura, si puedes llevar a cabo un esfuerzo que se mezcla con consentir que pisen a tus compañeros y si permites que te repitan con miradas, gestos y palabras que las reglas las ponen ellos y que ni tienes ni tendrás derecho de réplica. Que no se equivoquen, que nunca te engañen: la libertad de cátedra no está por encima de ti. Una derrota a tiempo puede honrarte si te demuestras que no, que NINGÚN dinosaurio vale más que tú.

Si educásemos a un niño de tres años menospreciándole, recordándole que sus compañeros son mejores que él y que un error es imperdonable y causa de expulsión de clase, de marcarle en el cuaderno de evaluación con un negativo porque simplemente no considere que sea oportuno hablar, minaríamos su ilusión y su capacidad de esfuerzo. Hay veces, de verdad, que no merece la pena esforzarse. Hay veces que no.

Ojalá un día se extingan los dinosaurios.

Sunday Morning Birds

13 feb. 2010

II.

Mientras tomaba café hace unos días con una amiga, empezamos una de esas conversaciones que de vez en cuando suelo tener con las personas con las que tengo más confianza: la definición de la orientación sexual en el ser humano. Como hombre que jamás ha tendido a etiquetarse, pero que desde hace muchos años sólo se ha sentido atraído por personas de su mismo sexo, la opinión de los que se consideran completamente heterosexuales sobre el tema siempre me ha llamado la atención.

Hay dos tipos de reacciones: la de los que parecen reafirmarse como hombres y mujeres completos y te miran como si estuvieras loco al querer hablar sobre ello, que suelen ser los que normalmente – que no siempre - menos conocimiento de sí mismos tienen, y la de los que han reflexionado sobre ello alguna vez y al menos te tienden la mano a un bonito debate. Uno, que siempre ha sido más de disfrutar con las personas que se mueven en la escala de grises que entre los que sólo ven o blanco o negro, suele terminar persuadiendo a los que no se sienten ofendidos y no se censuran a sí mismos de defender su paradigma.

Decía mi amiga – la del café – que ella siempre ha pensado que las etiquetas, como la medida del tiempo, son un invento del hombre y que no hay que tomárselas en serio. Ambos coincidimos en que la educación y la cultura tienen mucho que ver en esa normalidad que desde pequeños se nos instala en la cabeza a modo de chip. ¿Por qué los niños se identifican con el azul y las niñas con el rosa? Del mismo modo, ¿por qué al hombre se le educa enseñándole que lo correcto y lo que espera el mundo de él es que se empareje con una mujer? ¿Por qué las chicas tienen que jugar con muñecas y los chicos con coches? Educación y cultura, la esencia de todo. Desde que nacemos se nos dice lo que es correcto (en vez de corriente) y lo que no… y el que se salga de la fila india que se atenga a las consecuencias. Y esto en pleno siglo XXI, así que imaginad años atrás.

Quise continuar con una pregunta esencial: ¿es posible identificarse a sí mismo con una orientación sexual determinada y estable? Hubo un sabio silencio. Segundos después me contesto: ''si uno es sincero consigo mismo está claro que no''. Y es que nadie puede asegurarnos de quién nos enamoraremos mañana. ¿Hay alguien en el mundo capaz de condicionar sus sentimientos? Es posible reprimir las emociones, negarlas, pero jamás modificarlas por voluntad propia. Podemos manejar nuestros pensamientos una parte del día, pero no las veinticuatro horas, es imposible.

¿Quién le dice entonces al hombre más rudo del bar o a la chica más popular y femenina de la clase que no pueda terminar siendo feliz en compañía de una persona de su mismo sexo? Nadie, y el que lo haga es que no se respeta lo suficiente como para permitirse vivir sin ataduras, con las puertas abiertas a un mañana que hoy desconocemos por completo.

Pagamos la cuenta y cogimos nuestros abrigos. Mientras nos despedíamos del camarero las chicas de la mesa de al lado nos miraban con admiración. Ellas nunca prometieron que un día sus manos no pudieran estar entrelazadas.

Sunday Morning Birds

10 feb. 2010

I.

Me contaron que nací sin que nadie me esperara, que jamás habían tenido en el hospital a un bebé que llorara más y que cuando aprendí a caminar lo primero que hice fue mirar a los dos lados y tirarme al suelo negándome a perder el trono de la familia. Han pasado más de veinte años y esas mismas personas siguen levantándome cada vez que tropiezo.


A partir de ahora un niño que jamás creció – porque no perdió sus sueños – y que no se llama Peter Pan, te invita a leerle a diario prometiéndote que poco a poco te sorprenderás y leerás algo distinto a lo que te tienen acostumbrado: algo personal, positivo y que deja de ser mío para convertirse en algo vuestro.

Esto es Sunday Morning Birds.
 
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