13 feb. 2010

II.

Mientras tomaba café hace unos días con una amiga, empezamos una de esas conversaciones que de vez en cuando suelo tener con las personas con las que tengo más confianza: la definición de la orientación sexual en el ser humano. Como hombre que jamás ha tendido a etiquetarse, pero que desde hace muchos años sólo se ha sentido atraído por personas de su mismo sexo, la opinión de los que se consideran completamente heterosexuales sobre el tema siempre me ha llamado la atención.

Hay dos tipos de reacciones: la de los que parecen reafirmarse como hombres y mujeres completos y te miran como si estuvieras loco al querer hablar sobre ello, que suelen ser los que normalmente – que no siempre - menos conocimiento de sí mismos tienen, y la de los que han reflexionado sobre ello alguna vez y al menos te tienden la mano a un bonito debate. Uno, que siempre ha sido más de disfrutar con las personas que se mueven en la escala de grises que entre los que sólo ven o blanco o negro, suele terminar persuadiendo a los que no se sienten ofendidos y no se censuran a sí mismos de defender su paradigma.

Decía mi amiga – la del café – que ella siempre ha pensado que las etiquetas, como la medida del tiempo, son un invento del hombre y que no hay que tomárselas en serio. Ambos coincidimos en que la educación y la cultura tienen mucho que ver en esa normalidad que desde pequeños se nos instala en la cabeza a modo de chip. ¿Por qué los niños se identifican con el azul y las niñas con el rosa? Del mismo modo, ¿por qué al hombre se le educa enseñándole que lo correcto y lo que espera el mundo de él es que se empareje con una mujer? ¿Por qué las chicas tienen que jugar con muñecas y los chicos con coches? Educación y cultura, la esencia de todo. Desde que nacemos se nos dice lo que es correcto (en vez de corriente) y lo que no… y el que se salga de la fila india que se atenga a las consecuencias. Y esto en pleno siglo XXI, así que imaginad años atrás.

Quise continuar con una pregunta esencial: ¿es posible identificarse a sí mismo con una orientación sexual determinada y estable? Hubo un sabio silencio. Segundos después me contesto: ''si uno es sincero consigo mismo está claro que no''. Y es que nadie puede asegurarnos de quién nos enamoraremos mañana. ¿Hay alguien en el mundo capaz de condicionar sus sentimientos? Es posible reprimir las emociones, negarlas, pero jamás modificarlas por voluntad propia. Podemos manejar nuestros pensamientos una parte del día, pero no las veinticuatro horas, es imposible.

¿Quién le dice entonces al hombre más rudo del bar o a la chica más popular y femenina de la clase que no pueda terminar siendo feliz en compañía de una persona de su mismo sexo? Nadie, y el que lo haga es que no se respeta lo suficiente como para permitirse vivir sin ataduras, con las puertas abiertas a un mañana que hoy desconocemos por completo.

Pagamos la cuenta y cogimos nuestros abrigos. Mientras nos despedíamos del camarero las chicas de la mesa de al lado nos miraban con admiración. Ellas nunca prometieron que un día sus manos no pudieran estar entrelazadas.

Sunday Morning Birds

2 comentarios:

Ove I. Moore dijo...

Adoro ese tipo de debates. Tengo la suerte de moverme por circulos donde no suelo encontrar gentes de "blanco o negro", y cuando entramos en estas conversaciones sí es cierto que cada uno termina teniendo una forma muy personal de verlo. En eso de las etiquetas y en otros temas, sea puesto por ejemplo la adopción, tengo un amigo gay que está en contra. Figurate, que cosas hay en la vida.

Pero el concepto cambia si te explico que lo que él cree es que la sociedad no está preparada para hijos de padres homosexuales, y que el niño acabará sufriendo. Opinión que yo no secundo, porque me parece que cuantos más niños haya, mas normalizada quedará la cosa.

Eeeeen fin, que me voy del tema. No te sigo porque no sé si he dicho alguna vez que cuando un blog me gusta mas o menos, me hago seguidora, pero si me encanta, lo pongo en mi lista de recomendados :] Así que te recomiendo ;D

Un abrazo!

Belén dijo...

Encontré tu blog casualmente y tu presentación me dejó intrigada; la verdad es que no me has decepcionado con esta entrada. Me has hecho reflexionar y me he sentido comprendida, pues yo pienso igual: que no se puede etiquetar o clasificar a las personas, simplemente porque somos tan distintas entre nosotras que intentar hacerlo atendiendo a cualquier criterio sería caótico.
Un saludo! =)

 
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